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Alfonsina Storni

Retrato de Alfonsina Storni


Alejandro Pérez Luna. Retrato de Alfonsina Storni (CC BY-SA)



Retrato de Alfonsina Storni
Retrato de Alfonsina Storni (Dominio público)

Alfonsina Storni fue una poetisa y escritora argentina vinculada con el modernismo.

Los padres de Storni eran dueños de una cervecería en la ciudad de San Juan y regresaron a Suiza, su país de origen, en 1891. En 1896, volvieron a Argentina junto con Alfonsina, quien había nacido en aquel país. En San Juan, concurrió al jardín de infantes y desarrolló la primera parte de su niñez. A principios del siglo xx la familia se mudó a la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe), donde su madre fundó una escuela domiciliaria y su padre instaló un café cerca de la estación de ferrocarril Rosario Central. Alfonsina se desempeñó como camarera en el negocio familiar pero dado que este trabajo no le gustaba, se independizó y consiguió empleo como actriz. Más tarde recorrería varias provincias en una gira teatral.

Storni ejerció como maestra en diferentes centros educativos y escribió sus poesías y algunas obras de teatro durante este período. Su prosa es feminista y, según la crítica, posee una originalidad que cambió el sentido de las letras de Latinoamérica. En su poesía deja de lado el erotismo y aborda el tema desde un punto de vista más abstracto y reflexivo. La crítica literaria, por su parte, clasifica en tardorrománticos los textos editados entre 1916 y 1925 y a partir de Ocre encuentra rasgos de vanguardismo y recursos como el antisoneto (soneto en verso blanco). Sus composiciones reflejan, además, la enfermedad que padeció durante gran parte de su vida y muestran la espera del punto final de su vida, expresándolo mediante el dolor, el miedo y otros sentimientos desmotivacionales.

Le diagnosticaron cáncer de mama, del cual fue operada. A pedido de un medio periodístico Storni se realizó un estudio de quirología, cuyo diagnóstico no fue acertado. Esto la deprimió aún más y le provocó un cambio radical en su carácter que la llevó a descartar los tratamientos médicos para combatir la enfermedad.

Se suicidó en Mar del Plata arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres. Alfonsina consideraba que el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío y así lo había expresado en un poema dedicado a su amigo y amante, el también suicidado escritor Horacio Quiroga. Hay versiones románticas que dicen que se internó lentamente en el mar y sirvieron como inspiración para componer la canción «Alfonsina y el mar», la cual relata el suceso y sugiere el motivo. Su cuerpo fue velado inicialmente en Mar del Plata y finalmente en Buenos Aires. Sus restos se encuentran enterrados en el cementerio de la Chacarita.

Enlace al proyecto "Aprender con las mujeres": Difíciles proyectos de vida: sueños y viajes.

Poemas

Lectura preparada por Alejandro Pérez

Introducción

Alfonsina Storni fue una poetisa y  escritora argentina vinculada con el modernismo. Murió el 25 de octubre de 1938 (46 años) por el machismo que sufrió. Murió por ahogamiento. 

Le diagnosticaron cáncer de mama del cual fue operada. A pedido de un medio periodístico Storni se realizó un estudio de quirología, cuyo diagnóstico no fue acertado. Esto la deprimió aún más y le provocó un cambio radical en su carácter que la llevó a descartar los tratamientos médicos para combatir la enfermedad.

Poemas

CONVERSACIÓN (Poesías, 1916-1921)

Dios te perdone al fin tanta tortura;

Bien que a tu mano la movió el despecho

Y daga fina hundísteme en el pecho.

Que no te sea la existencia dura.

Que una vez más conozca la amargura

Importa poco; el corazón deshecho;

Aprende más con tu impiedad. Bien hecho;

Gracias, amigo, que esto me depura.

Iba teniendo una sospecha vaga

De que la llama del placer se apaga

Poquito a poco en el camino humano.

Temblaba acaso por su leve abrigo,

Pero inquietud me ahorras, buen amigo,

Que de un golpe la ciegas con tu mano.

LA INÚTIL PRIMAVERA (Poesías, 1916-1921)

Veintiocho veces van que yo la veo

Trabajando capullos del rosal:

Llegó cumpliendo ardiente mi deseo,

Cuando la tuve todo ha sido igual.

Preparé un himno y se murió en gorjeo,

Me eché a ser río y terminé canal.

—En otra primavera… Devaneo.

Ya está de nuevo y sigo con mi mal.

Veintiocho veces van. De diez ya guardo

Memoria triste de aquel paso tardo

Con que los días del invierno van

Hollando el alma para hacerle casa.

Veintiocho veces van que inútil pasa.

¿Cuántas por verla aún me faltarán?

LO INACABABLE (Poesías, 1916-1921)

No tienes tú la culpa si en tus manos

mi amor se deshojó como una rosa:

Vendrá la primavera y habrá flores…

El tronco seco dará nuevas hojas.

Las lágrimas vertidas se harán perlas

de un collar nuevo; romperá la sombra

un sol precioso que dará a las venas

la savia fresca, loca y bullidora.

Tú seguirás tu ruta; yo la mía

y ambos, libertos, como mariposas

perderemos el polen de las alas

y hallaremos más polen en la flora.

Las palabras se secan como ríos

y los besos se secan como rosas,

pero por cada muerte siete vidas

buscan los labios demandando aurora.

Más… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!

¡Y toda primavera que se esboza

es un cadáver más que adquiere vida

y es un capullo más que se deshoja!

EL LEÓN (Languidez, 1920)

Entre barrotes negros, la dorada melena

Paseas lentamente, y te tiendes por fin

Descansando los tristes ojos sobre la arena

Que brilla en los angostos senderos del jardín.

Bajo el sol de la tarde te has quedado sereno

Y ante tus ojos pasa, fresca y primaveral,

La niña de quince años con su esponjado seno:

¿Sueñas echarle garras, oh goloso animal?

Miro tus grandes uñas, inútiles y corvas;

Se abren tus fauces; veo el inútil molar,

E inútiles como ellos van tus miradas torvas

A morir en el hombre que te viene a mirar.

El hombre que te mira tiene las manos finas,

Tiene los ojos fijos y claros como tú.

Se sonríe al mirarte. Tiene las manos finas,

León, los ojos tiene como los tienes tú.

Un día, suavemente, con sus corteses modos

Hizo el hombre la jaula para encerrarte allí,

Y ahora te contempla, apoyado de codos,

Sobre el hierro prudente que lo aparta de ti.

No cede. Bien lo sabes. Diez veces en un día

Tu cuerpo contra el hierro carcelario se fue:

Diez veces contra el hierro fue inútil tu porfía.

Tus ojos, muy lejanos, hoy dicen: ¿para qué?

No obstante, cuando corta el silencio nocturno

El rugido salvaje de algún otro león,

Te crees en la selva, y el ojo, taciturno,

Se te vuelve en la sombra encendido carbón.

Entonces como otrora, se te afinan las uñas,

Y la garganta seca de una salvaje sed,

La piedra de tu celda vanamente rasguñas

Y tu zarpazo inútil retumba en la pared.

Los hijos que te nazcan, bestia caída y triste,

De la leona esclava que por hembra te dan,

Sufrirán en tu carne lo mismo que sufriste,

Pero garras y dientes más débiles tendrán.

¿Lo comprendes y ruges? ¿Cuándo escuálido un gato

Pasa junto a tu jaula huyendo de un mastín

Y a las ramas se trepa, se te salta al olfato

Que así puede tu prole ser de mísera y ruin?

Alguna vez te he visto durmiendo tu tristeza,

La melena dorada sobre la piedra gris,

Abandonado el cuerpo con la enorme pereza

Que las siestas de fuego tienen en tu país.

Y sobre tu salvaje melena enmarañada

Mi cuello delicado sintió la tentación

De abandonarse al tuyo, yo como tú, cansada,

De otra jaula más vasta que la tuya, león.

Como tú contra aquella mil veces he saltado.

Mil veces, impotente, me volví a acurrucar.

¡Cárcel de los sentidos que las cosas me han dado!

Ah, yo del universo no me puedo escapar.


Lectura preparada por Jaime Blázquez Romero

Introducción

He escogido dos poemas de los muchos que hay para hacer mi obra. Se llaman: “El canal” y “Primavera”. La representación durará aproximadamente unos 5 minutos. Los actores de esta obra serán mis compañeros de grupo: Daniel Sanz, Andrea Maldonado e Inmaculada Montes. 

Dani: (caminando al lado del río San Juan): Qué buenos tiempos aquellos, cuando venía aquí cuando era pequeño y venía aquí con mis amigos, qué buenos recuerdos.

Andrea: ¡Hombre Dani! ¿Cómo tú por aquí? 

Dani: He venido aquí de vacaciones a recordar aquellos tiempos cuando jugaba por aquí, e iba buscando colmenas de abejas, de las que se sacaba una riquísima miel.

Andrea:  Qué buenos tiempos aquellos la verdad, cuando también cogíamos la barca de tu padre e íbamos navegando y explorando los rincones más oscuros, mira quién viene por ahí.

Inma: ¡¡Hola!! ¿De qué estabais hablando?

Dani: Estábamos recordando viejos tiempos. ¿Te acuerdas cuando cogíamos la barca?

Inma: Claro que sí, vosotros no parabais, tenía que llegar yo y decir basta, porque si no podríamos habernos perdido.

Dani y Andrea ríen

Andrea: La verdad es que sí.

Dani: Ojalá pudiéramos volver atrás y aprovechar al máximo ese tiempo que ahora añoramos. (Medio llorando)

Inma: Lo que se ha ido ya no vuelve.

Andrea: Bueno, cambiando de tema, ahora viene la primavera, y por fin vendrá el calorcito, hoy en mi jardín ya he visto las primeras mariposas.

Dani: La primavera es la época más feliz del año, todo el mundo sonríe, incluso las estrellas por la noche.

Inma: Me encanta la primavera, es cuando la naturaleza está más bella, siempre la llevo en el corazón. 

Andrea: Yo también, me encanta la naturaleza, los pájaros en las ramas cantando, los árboles gruesos, llenos de ramas, las abejas creando miel, Mmmmm... ¡Me encanta la primavera!

Inma: Me acuerdo también que cuando era pequeña creé un panel para abejas para así conseguir miel.

Dani: ¿Oléis eso? Es el olor de la primavera que viene, el alto barranco mojado por la ría.

Andrea: Desde el mar que desde aquí vemos, vemos también a las gaviotas volando sobre el mar. ¡Vuelan, vuelan y vuelan!

EL CANAL (Languidez, 1920)

En la dulce fragancia

De la dulce San Juan,

Recuerdos de mi infancia

Enredados están.

Mi casa hacia los fondos

Tendía su vergel;

Allí canales hondos

Entre abejas y miel.

De enrojecidas ondas

Y pequeño caudal

Era el mío, entre frondas,

Predilecto canal.

Vagas melancolías

Llevábanme a buscar

En los oscuros días

Aquel dulce lugar.

Barquitos trabajaba

En nevado papel

y en el agua soltaba

Tan menudo bajel.

Y navegaban hasta

Que un recodo fugaz

Se interponía: ¡basta!

No los veía más.

Y al perder mi barquito

Solíanme embargar

Ideas de infinito

Y rompía a llorar.

Niña: ya presentías

Lo que ocurrir debió:

Todo, por otras vías,

Se ha ido y no volvió.

 PRIMAVERA (El dulce daño, 1918)

¿Vendrás tú? Por mis jardines vuelan

Ya las primeras mariposas

Sobre las rosas.

                Velan

De noche los cocuyos

Entre los yuyos.

Sonríen las estrellas

Pálidamente bellas.

¿Y vendrás tú? Se cubren

Alegres, mis floreros

De madreselvas.

Anda por los largos canteros

La risa azul del nomeolvides

Y se cargan las vides.

                Selvas

Tengo en el corazón;

Árboles gruesos

Prietos de ramas;

Yuyos, retamas,

Flores de malvón,

Pájaros en las ramas,

Todo eso tengo en el corazón.

¿Y vendrás tú?

                Mis manos

Fabricaron panales.

Yendo de rosa en rosa cogí miel;

Hice linos; no recuerdo de males.

El lecho mío es blanco

Y es Primavera. Huele

Bien, el alto barranco

Mojado por la ría.

Desde el mar que diviso

¿Vendrá tu vela?

Vuela,

Primavera es gacela

Fugitiva

Y furtiva,

¡Vuela!

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