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Ana María Matute

Retrato de Ana María Matute

María Martín Cobos. Retrato de Ana María Matute (CC BY-SA)



Retrato gráfico de Ana María Matute
María Martín Cobos. Retrato gráfico de Ana María Matute (CC BY-SA)


Ana María Matute nació en Barcelona el 25 de de julio de 1925.

Fue una novelista española miembro de la Real Academia Española que en 2010 obtuvo el Premio Cervantes. Matute fue una de las voces más personales de la literatura española del siglo XX y es considerada por muchos como una de las mejores novelistas de la posguerra española.

Matute es de altura media, figura delgada. Tiene algunas pecas en el rostro y muestra algunos síntomas de vejez. 

Fue la segunda hija de cinco descendientes de una familia de la pequeña burguesía catalana, conservadora y religiosa. Su padre, Facundo Matute Torres, era catalán y su madre fue María Ausejo Matute. Durante su niñez, Matute vivió un tiempo considerable en Madrid.

Algunas de sus obras más importantes eran: la trilogía Los mercaderes, entre ellas Primera memoria, Premio Nadal, y, dos décadas después, Olvidado rey Gudú.

Mientras vivió en Madrid asistió a un colegio religioso. Escribe su primera novela, Pequeño teatro, a los 17 años de edad, aunque no fue publicada hasta 11 años más tarde. En 1949, su obra Luciérnagas queda semifinalista del Premio Nadal; sin embargo, la censura impide la publicación.

Cuando Ana María Matute tenía cuatro años cayó gravemente enferma. Por dicha razón, su familia la lleva a vivir al pueblo natal de sus abuelos, Mansilla de la Sierra. Matute dice que la gente de aquel pueblo la influenció muchísimo. 

Ana María Matute tenía once años de edad cuando comenzó la Guerra Civil Española de 1936. La violencia, el odio, la muerte, la miseria, la angustia y la extrema pobreza que siguieron a la guerra marcaron hondamente a su persona y a su narrativa.

Matute era profesora de la universidad y viajaba a muchas ciudades para dar conferencias, especialmente a los Estados Unidos. En sus discursos hablaba sobre los beneficios de los cambios emocionales, los cambios constantes del ser humano y cómo la inocencia nunca se pierde completamente. Ella decía que, aunque su cuerpo fuese viejo, su corazón todavía era joven.

Falleció en la madrugada del 25 de junio de 2014 tras varios días con problemas cardiorrespiratorios.

Enlace al proyecto "Aprender con las mujeres": Heroínas fantásticas contra la distopía muy real del mundo dominado por varones.

Olvidado rey Gudú

Lectura preparada por María Martín Cobos

Introducción 

Ana María Matute nació en a Barcelona el 25 de de julio de 1925 y falleció en la madrugada del 25 de junio de 2014 tras varios días con problemas cardiorrespiratorios.

Fue una novelista española, miembro de la Real Academia Española, que en 2010 obtuvo el Premio Cervantes. Matute fue una de las voces más personales de la literatura española del siglo XX y es considerada por muchos como una de las mejores novelistas de la posguerra española.

Cuando Ana María Matute tenía 4 años cayó gravemente enferma. Por dicha razón, su familia la lleva a vivir al pueblo natal de sus abuelos, Mansilla de la Sierra. Matute dice que la gente de aquel pueblo la influenció muchísimo y en algunas de sus novelas se puede apreciar.

Después de varios años de gran silencio narrativo, en 1984 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil con la obra Sólo un pie descalzo. Ese premio le motivó para que en 1996 publicara Olvidado Rey Gudú

Matute lo señaló como su libro favorito de entre sus obras, y se lo ha calificado como un «clásico de culto».​ La novela tiene una ambientación medieval con elementos de la literatura fantástica, libro de caballería y cuento de hadas. Ha sido caracterizada como una alegoría antibelicista, aunque otros críticos le dan un carácter universal, una «obra sobre el tiempo y sus criaturas» donde la historia que se narra es «la historia de las emociones humanas». Con esta obra y en 2009, Matute fue la primera mujer en depositar la primera edición del libro en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes.​


Lectura

Pero los rubios piratas no volvieron jamás, jamás, para desesperación de Sikrosio. Todo había sucedido tal y como lo guardaba ahora en la memoria. Su padre había ganado aquella batalla, había expulsado a los piratas de Olar, había salvado la Marca al Rey. Pero el Rey había muerto y la cabeza de su hijo rodaba por los escalones de madera del Castillo en llamas. Cuando el hermano bastardo del Rey subió al trono y les olvidó, Olar pasó enteramente a sus manos «para siempre, para siempre, siempre…». Los puños contra la cabeza, la risa escandalosa de su padre entre las cenizas del Castillo abrasado.


Conclusión

La autora quiere hacer ver a los lectores que hay que buscar la paz entre naciones, que no todo sean guerras y conflictos, y sobre todo que nos demos cuenta que la violencia no sirve para nada.

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