¿Hay algún misterio por descubrir?
Muchos.
Dado que la historiografía se había fundado en la exclusión de las mujeres y el desconocimiento de sus obras, es totalmente lógico inducir que los valores comunicados por ellas van a transformar nuestra comprensión histórica. Las Humanidades contemporáneas se fundan en la historicidad y en la apertura a nuevas interpretaciones que den lugar a una nueva visión del mundo. No es un principio dogmático, sino el resultado de abrirse al contacto de los otros, las otras y les otres en su diversidad.
La esperanza de igualdad ya no se basa en la uniformidad, sino en que se reparta bien la diversidad cultural, de acuerdo con las necesidades y los libres deseos de las personas.
Veamos algunos misterios que siguen siéndolo para las personas no iniciadas en la genealogía de las mujeres escritoras. Los misterios dolorosos y gozosos se han mezclado en la historia de la emancipación que había quedado oculta bajo las categorías patriarcales.
El primero: Las Antiesclavistas. Leyendo a las autoras románticas del siglo XIX hemos descubierto que el Romanticismo no era solamente una exaltación ególatra del yo hasta el Absoluto, sino también la era del abolicionismo solidario contra la esclavitud o las esclavitudes que impedían, materialmente, el ejercicio de la libertad personal, económica y política. Las autoras liberales españolas no solo protestaron contra un machismo tiránico que negaba a las mujeres sus mismas libertades, sino que fueron líderes del movimiento antiesclavista en los restos del Imperio español: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Su sociedad de las mujeres, romántica y liberal, se extendió a la emancipación de las presas y los presos, gracias a la obra de Concepción Arenal y por mediación de las conferencias de Paul.
Las autoras latinoamericanas (Tula, Juana Manso, Júlia Lopes, etc.) se pronunciaron contra la esclavitud con mejores resultados, dado que se consiguió la abolición mucho antes en las nuevas repúblicas, comenzando por Haití (1804), Chile (1823), Centroamérica (1824), México (1829) y terminando en Brasil (1885) y Cuba (1886). Además, la literatura dio inicio a un indigenismo romántico, que solo se hizo realista en la obra de Clorinda Matto o María Amparo Ruiz de Burton y en la Revolución mexicana. Hay que destacar una figura precoz y visionaria que hoy nos parece de ciencia-ficción, como si hubiera viajado en el tiempo: Flora Tristán.
Segundo misterio: Las Libertadoras del amor. El realismo que mostraba las lacras de la prostitución sin redención, en boca de las mujeres se convirtió en denuncia de la hipocresía social, que convertía a las mujeres en esclavas del matrimonio sin amor. El abolicionismo contra la prostitución y el falso matrimonio se demuestra empíricamente en la obra de Rosa Marina, periodista y ensayista, o de Matilde Cherner, articulista y novelista; gracias al análisis psicológico de ambos géneros en la obra de Adela Zamudio, Íntimas; en la oratoria de las republicanas sociales (Modesta Periú, Guillermina Rojas y Orgís), antes que en Fortunata y Jacinta o en Misericordia de Galdós; con igual valor en la narrativa de Clarín (La Regenta, Su único hijo) que en la de Emilia Pardo Bazán (La Tribuna, Doña Milagros, Memorias de un solterón).
Tercer misterio: Las Viajeras. El internacionalismo y la apertura al mundo (Europa, América) que, supuestamente, inauguraron “los varones de” la generación del 14, fue anticipado por las mujeres de una amplia generación nómada, que abarca desde 1868 hasta la Segunda República. Es cierto que influyeron positivamente la Institución Libre de Enseñanza y, posteriormente, la Junta de Ampliación de Estudios; pero mujeres como la propia Emilia Pardo Bazán, Rosario de Acuña, Sofía Casanova, Teresa Claramunt, Concha Espina, Belén de Sárraga, María Lejárraga, Isabel Oyarzábal y un nutrido elenco de viajeras renovaron la sangre hispánica con los latidos de otros pueblos.
También fueron nómadas transoceánicas las autoras latinoamericanas que coincidieron en el tiempo y el propósito con las españolas liberales y republicanas: Lindaura Anzoátegui, Clorinda Matto, Laura Méndez, Gabriela Mistral, Teresa de la Parra, Alfonsina. Su andadura comenzó antes, en sincronía con las naciones criollas independientes que se reconectaron con Europa y USA, ladeando al principio a España: Soledad Acosta, Eduarda Mansilla. Las mujeres americanas que cabe llamar Libertadoras recorrieron el continente refundando la Pachamama y una comunidad política todavía por realizar: Juana Manuela Gorriti, Juana Manso, María Amparo Ruiz de Burton. Las pioneras, Flora Tristán y Tula, cruzaron el océano para germinar un mundo nuevo en las dos orillas.
Cuarto misterio: Las Antibélicas. La paz que hizo posible el desarrollo económico de España durante la Gran Guerra debería haberse extendido hasta acabar con la Guerra de Marruecos, lo que hubiera evitado que la Legión invadiera España como una horda fanática de antaño para destruir la legalidad democrática. Las escritoras fueron las defensoras más perseverantes del pacifismo desde 1909 hasta 1936: Carmen de Burgos (“Guerra a la guerra”), las burguesas catalanas (Carme Karr), las líderes anarcosindicalistas (Teresa Claramunt, Teresa Mañé), socialistas (María Lejárraga, Isabel Oyarzábal) y republicanas federales (Consuelo Álvarez Pool).
Esos cuatro “misterios” históricos se deberían sumar a las propuestas anteriores de revisión y superación de las generaciones literarias: singularmente, Las Sinsombrero de la documentalista Tania Balló, quien ha sacado a la luz los cuerpos vivos de nuestras antepasadas durante la experiencia democrática de la Segunda República, tanto escritoras como artistas, antes que las emparedaran con el cemento represivo de la Dictadura.
Pero todavía hay más por descubrir y descifrar.
Sexto misterio: Las Memorialistas. La entera generación del 27, precedida por la del 14 y continuada por la llamada del 36, quienes pasaron por el deslumbramiento de la República, el horror de la Guerra y el abismo de la posguerra o el desvivirse del exilio, coincidieron en la necesidad interior de comprender su vida a través de la escritura: memorias en forma de ensayo (María Zambrano, Clara Campoamor), narrativa (Rosa Chacel), elegía (María Teresa León), autobiografía social (Constancia de la Mora), análisis político (Teresa Pàmies), etc. La nómina es amplísima.
Igualmente fundamental es la memoria en la obra de autoras latinoamericanas, desde Juana Manuela Gorriti, que la usa para reunir a los bandos enfrentados por las guerras civiles (unionistas y federalistas); pasando por la memoria de la Independencia en Lindaura Anzoátegui, en que participan los pueblos originarios junto con los criollos; la experiencia emancipadora de la Revolución según Nelly Campobello, Marta Rojas o Gioconda Belli; los movimientos políticos y sociales por la democracia en la obra de Elena Poniatowska, Diamela Eltit, Laura Restrepo y un largo e intenso etcétera.
Séptimo misterio: Las Aprendizas. Quizá el movimiento más brillante de la literatura contemporánea, que se remonta al Bildungsroman romántico (Gertrudis Gómez de Avellaneda, Sab y Dos mujeres) y la novela realista/naturalista de educación social (Emilia Pardo Bazán, La Tribuna), subsiste en forma de prosa poética durante las vanguardias (Elisabeth Mulder y Rosa Chacel), se convierte en crítica de la deshumanización en la República (Luisa Carnés, Tea Rooms) o de la violencia en la Guerra (Elena Fortún, Celia en la revolución) y llega transformado hasta la posguerra para crear personas resistentes al ácido de la dictadura: la propia Elena Fortún (Oscuro sendero) en el exilio, Mercè Rodoreda, Carmen Laforet, Elena Quiroga, Dolores Medio, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Josefina R. Aldecoa, entre otras del mismo valor. Sobre ese suelo fértil crecieron la generación del 50 y la poesía de la experiencia, que sirvió de puente con la primera generación democrática. Antes de la serie “Cuéntame”, ellas nos contaron.
Todas las grandes narradoras latinoamericanas han creado relatos de aprendizaje que han facilitado la iniciación de generaciones de mujeres y hombres en la vida adulta, o les han ayudado a recuperar los hilos del tejido de su vida desde la infancia, ya en su madurez. Podemos fijarnos en dos que ayudan a contemplar la entera Historia del Nuevo Continente desde sus raíces originarias en la vida de cualquier mujer americana: el aprendizaje mítico de La mujer habitada de Gioconda Belli, una auténtica heroína de una raza multiétnica, en la que el mestizaje no es un pretexto para borrar las culturas aborígenes; y la novela testimonial de la Premio Nobel de la Paz que transformó mi visión del mundo y cambió el curso de mi vida, como la de tantas personas que nacieron a la solidaridad por su medio: Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia.
Más misterios por explorar o ya explorados:
- Las Damas Pioneras de la Ilustración
- Las Cigarreras y Las Sindicalistas, mujeres emancipadas, encendieron el imaginario de todas las clases sociales (Carmen de Merimée, Rosa Marina, La Tribuna; las líderes obreras Teresa Claramunt, Teresa Mañé, Regina del Amo)
- Las Masonas y Las Espiritistas, en el mismo periodo histórico que Las Viajeras, andaban creando redes pacíficas de conspiración (Rosario de Acuña, Ángeles López de Ayala, Consuelo Álvarez “Violeta”, Belén de Sárraga), de similar modo que las activistas de la política (además de las nombradas, María Lejárraga, Isabel Oyarzábal, Clara Campoamor, Hildegart Rodríguez), en consonancia con las institucionistas (Regina de Lamo, María Goyri, María de Maeztu, María Zambrano), en concordia por ese feminismo en auge que acabaría dando lugar al Lyceum Club Femenino de Madrid y de Barcelona, y contribuyó en mucho a la proclamación de la República
- Las Milicianas (Marina Ginestà, Teresa Pàmies, Margarita Nelken, María Teresa León, aunque no disparasen), Las Cronistas (Luisa Sánchez Saornil, Luisa Carnés), Las Oradoras (Federica Montseny, Dolores Ibárruri) y Las Enfermeras (Elena Fortún, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcin) durante la Guerra Civil
- Las Presas por su compromiso político, tanto en la Restauración monárquica (Teresa Claramunt), como, de manera masiva y represiva, bajo el franquismo (Carlota O’Neill, Juana Doña, Lidia Falcón), cuya memoria histórica han recobrado Dulce Chacón y Almudena Grandes
- Las Periodistas, desde Carmen de Burgos y “Violeta” (primeras "matriculadas" en la Asociación de la Prensa) hasta la actualidad: corresponsales como Sofía Casanova, Concha Espina e Isabel Oyarzábal, reporteras de la República (Magda Donato, Luisa Carnés), las mejores entrevistadoras (Josefina Carabias, Elena Poniatowska, Montserrat Roig, Rosa Montero)
Mucha tela que contar/cortar. ¿Da la vida para tanto?
No hace falta erudición, sino diversificar las lecturas y trabajar en equipo.
El proyecto “Consulta a las sabias” se ha diseñado, además de para divertir a sus participantes, también para el servicio a través de la creación de recursos educativos abiertos (REA), como los que hemos elaborado y seguiremos haciendo.