Retrato de Carolina Coronado
Ella era una mujer morena y de pelo y ojos negros como el carbón, con cejas finas y definidas, y de nariz y boca pequeñas
Era una niña enfermiza, y a los cuatro años se desplazó hacia Badajoz, y aquí empezó a recibir la educación tradicional de las mujeres, como costura, labores de hogar… Pese a lo cual empezó a mostrar interés por la literatura ya desde pequeña, y por esto sus primeros poemas datan de cuando tenía 10 años.
Aquí empezó a escribir sobre la primera de sus “muertes”, que eran como ella se refería a las miserias que sufrió debido a sus fracasos amorosos.
Llevó una vida revolucionaria, ya que en 1838, en la Guerra Civil bordó una bandera para apoyar al ejército de Isabel II.
Diez años más tarde una enfermedad nerviosa la deja medio paralítica en Cádiz y los médicos le recomiendan tomar aguas cerca de Madrid, por lo que traslada su residencia a la capital, y fue aquí donde se casó con su marido Sir Justo Horacio Perry en 1852, con el que tuvo tres hijos, aunque dos de ellos murieron a una edad temprana, lo cual la sumió en otra crisis nerviosa.
Debido a su ideología revolucionaria, su residencia en Madrid se hizo famosa por las tertulias literarias que se realizaban en ella, atrayendo y sirviendo como punto de encuentro para escritores progresistas, así como refugio para personas perseguidas. Sin embargo, debido a esta afinidad con las ideologías progresistas, sufrió la censura de la época.
No obstante, ella también se implicó en una campaña contra la esclavitud, logrando entrar en el cuadro dirigente de la Sociedad Abolicionista de Madrid. Relacionado con esto, en 1868 redacta los versos de “A la abolición de la esclavitud en Cuba”, los cuales crearon una gran polémica, ya que su publicación coincidió con la llamada Revolución del 68.
Después de que se produzca la Revolución, ella se traslada a Lisboa, donde enviuda y finalmente fallece en 1911.
De su vida cabe destacar su gran obsesión con la muerte. Esto es ampliamente mostrado por su concepción del amor y ciertas particularidades que realizó, como premonizar la muerte de su propia hija o embalsamar el cuerpo de su difunto marido, negándose a enterrarlo, al que se dirigía con el apelativo de “hombre silencioso”. No obstante, este comportamiento se podría explicar con la afección de catalepsia crónica que padecía.
Aunque su primera incursión y aporte más importante en el mundo literario fue a través de la lírica (Nada resta de ti, La Rosa Blanca), Carolina Coronado no dudó en adentrarse en otros géneros que revelan la versatilidad de su espíritu. Algunas de sus obras en prosa se publicaron por entregas en semanarios y periódicos. Su producción literaria fue diversa: ensayos, artículos, cartas, dramas y novelas, como Jarilla o Paquita.
En conclusión, Carolina Coronado fue una de las autoras más importantes de su periodo, importante figura del revolucionarismo liberal y, ante todo, una mujer que no se paró por todas las dificultades que se interpusieron en su vida.
Enlace al proyecto "Aprender con las mujeres": Más allá del amor romántico: una revolución de fondo.