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Carolina Coronado

Retrato de Carolina Coronado


Juan María Reina Gutiérrez. Retrato de Carolina Coronado (CC BY-SA)

Retrato gráfico de Carolina Coronado
Juan María Reina Gutiérrez. Retrato gráfico de Carolina Coronado. Basado en Federico Madrazo (CC BY-SA)

Ella era una mujer morena y de pelo y ojos negros como el carbón, con cejas finas y definidas, y  de nariz y boca pequeñas

Era una niña enfermiza, y a los cuatro años se desplazó hacia Badajoz, y aquí empezó a recibir la educación tradicional de las mujeres, como costura, labores de hogar… Pese a lo cual empezó a mostrar interés por la literatura ya desde pequeña, y por esto sus primeros poemas datan de cuando tenía 10 años.

Aquí empezó a escribir sobre la primera de sus “muertes”, que eran como ella se refería a las miserias que sufrió debido a sus fracasos amorosos.

Llevó una vida revolucionaria, ya que en 1838, en la Guerra Civil bordó una bandera para apoyar al ejército de Isabel II.

Diez años más tarde una enfermedad nerviosa la deja medio paralítica en Cádiz y los médicos le recomiendan tomar aguas cerca de Madrid, por lo que traslada su residencia a la capital, y fue aquí donde se casó con su marido Sir Justo Horacio Perry en 1852, con el que tuvo tres hijos, aunque dos de ellos murieron a una edad temprana, lo cual la sumió en otra crisis nerviosa.

Debido a su ideología revolucionaria, su residencia en Madrid se hizo famosa por las tertulias literarias que se realizaban en ella, atrayendo y sirviendo como punto de encuentro para escritores progresistas, así como refugio para personas perseguidas. Sin embargo, debido a esta afinidad con las ideologías progresistas, sufrió la censura de la época.

No obstante, ella también se implicó en una campaña contra la esclavitud, logrando entrar en el cuadro dirigente de la Sociedad Abolicionista de Madrid. Relacionado con esto, en 1868 redacta los versos de “A la abolición de la esclavitud en Cuba”, los cuales crearon una gran polémica, ya que su publicación coincidió con la llamada Revolución del 68.

Después de que se produzca la Revolución, ella se traslada a Lisboa, donde enviuda y finalmente fallece en 1911.

De su vida cabe destacar su gran obsesión con la muerte. Esto es ampliamente mostrado por su concepción del amor y ciertas particularidades que realizó, como premonizar la muerte de su propia hija o embalsamar el cuerpo de su difunto marido, negándose a enterrarlo, al que se dirigía con el apelativo de “hombre silencioso”. No obstante, este comportamiento se podría explicar con la afección de catalepsia crónica que padecía.

Aunque su primera incursión y aporte más importante en el mundo literario fue a través de la lírica (Nada resta de ti, La Rosa Blanca), Carolina Coronado no dudó en adentrarse en otros géneros que revelan la versatilidad de su espíritu. Algunas de sus obras en prosa se publicaron por entregas en semanarios y periódicos. Su producción literaria fue diversa: ensayos, artículos, cartas, dramas y novelas, como Jarilla o Paquita.

En conclusión, Carolina Coronado fue una de las autoras más importantes de su periodo, importante figura del revolucionarismo liberal y, ante todo, una mujer que no se paró por todas las dificultades que se interpusieron en su vida.

Enlace al proyecto "Aprender con las mujeres": Más allá del amor romántico: una revolución de fondo.

Poemas

Lectura dramatizada por Juan María Reina Gutiérrez

Introducción

Buen día a todos y a todas. Hoy he venido a leer cuatro poemas escritos por  la autora romántica española Carolina Coronado, nacida en 1820 en el seno de una familia obrera. Estas obras han sido sacadas de un libro que recopila varias obras que ella escribió a lo largo de toda su vida, la cual estuvo profundamente marcada por sus crisis nerviosas, su implicación con los nuevos movimientos revolucionarios y numerosas trágicas muertes que la marcaron.

En lo que respecta a sus obras, ella destacó por emplear una estética imaginativa, sugestiva y con un enfoque pesimista, haciendo uso del adorno excesivo de sus versos, una de las principales características del barroco. Así mismo, también  trata temas típicos del romanticismo como el amor, la naturaleza, la religión y el desengaño. 

Con un tono de melancolía y tristeza que se puede notar perfectamente en estos fragmentos que aquí se van a recitar, manda un mensaje feminista claro y contundente que llegó a ser polémico para una época machista como la que a ella le tocó vivir. 

Ella critica abiertamente la sociedad, mientras se lamenta profundamente de la angustia que le produjeron ciertas costumbres que recaían en las manos del hombre en aquel entonces, en poemas siempre llenos de simbolismos, como por ejemplo en el poema de la rosa blanca que leeremos más adelante, en el que nuestra autora escribe sobre lo que se podría interpretar como la mujer ideal.

¡Oh, cuál te adoro! 

(Realza mucho la primera exclamación. Luego lee el resto de la estrofa con un tono más tenue. Se pone énfasis en la última palabra de cada verso)

¡Oh, cuál te adoro! con la luz del día

tu nombre invoco apasionada y triste,

y cuando el cielo en sombras se reviste

aun te llama exaltada el alma mía.

(En la segunda estrofa se enuncia cada verso con un tono más alto)

Tú eres el tiempo que mis horas guía,

tú eres la idea que a mi mente asiste,

porque en ti se concentra cuanto existe,

mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

No hay canto que igualar pueda a tu acento

o cuando tu amor me cuentas y deliras

revelando la fe de tu contento;

(En esta última estrofa se pone especial énfais y energía)

Tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,

y quisiera exhalar mi último aliento

abrasada en el aire que respiras.

Nada resta de ti 

(Se lee en tono especialmente melancólico)

Nada resta de ti…, te hundió el abismo…,

te tragaron los monstruos de los mares…

No quedan en los fúnebres lugares

ni los huesos siquiera de ti mismo.

Fácil de comprender, amante Alberto,

es que perdieras en el mar la vida,

mas no comprende el alma dolorida

cómo yo vivo cuando tú ya has muerto.

(Se intenta mostrar un tono triste en esta última estrofa. La exclamación final se enuncia con rabia)

Darnos la vida a mí y a ti la muerte;

darnos a ti la paz y a mí la guerra,

dejarte a ti en el mar y a mí en la tierra

¡es la maldad más grande de la suerte!…

La Luna es una ausencia 

Y tú, ¿quién eres de la noche errante

aparición que pasas silenciosa,

cruzando los espacios ondulante

tras los vapores de la nube acuosa?

Negra la tierra, triste el firmamento,

ciegos mis ojos sin tu luz estaban,

y suspirando entre el oscuro viento

tenebrosos espíritus vagaban.

(Esta estrofa se lee mostrando especial dramatismo)

Yo te aguardaba, y cuando vi tus rojos

perfiles asomar con lenta calma,

como tu rayo descendió a mis ojos,

tierna alegría descendió a mi alma.

(La interrogación se lee con un ligero tono despectivo)

¿Y a mis ruegos acudes perezosa

cuando amoroso el corazón te ansía?

(Se cambia el tono por uno más amigable y se alza más la voz)

Ven a mí, suave luz, nocturna, hermosa

hija del cielo, ven: ¡por qué tardía!

La Rosa Blanca 

(Se hace la pregunta con mucho énfasis)

¿Cuál de las hijas del verano ardiente,

cándida rosa, iguala a tu hermosura,

la suavisima tez y la frescura

que brotan de tu faz resplandeciente?

(Se toma un tono más calmado)

La sonrosada luz de alba naciente

no muestra al desplegarse más dulzura,

ni el ala de los cisnes la blancura

que el peregrino cerco de tu frente.

(El tono se vuelve más enérgico y dramático)

Así, gloria del huerto, en el pomposo

ramo descuellas desde verde asiento;

cuando llevado sobre el manso viento

a tu argentino cáliz oloroso

roba su aroma insecto licencioso,

y el puro esmalte empaña con su aliento.



Conclusión

De estos textos se puede sacar como conclusión que en esta época la vida de la mujer siempre está estrechamente ligada a la de su pareja. Por ejemplo, en Nada resta de ti se refleja cómo la autora  siempre queda a la espera del hombre y cómo el hombre es él el que trabaja, vive y muere, y ella siempre se ve resignada a quedarse en su casa sufriendo la pérdida de su amor sin poder hacer nada al respecto. Es aquí donde ya se rebela y se cuestiona la mentalidad de la época, citando el verso “Es la maldad más grande de la tierra”.

También se interpreta en el tercer poema que la autora está enamorada y aguarda a que su amor se fije en ella, criticando la angustia que ella se ve obligada a sentir durante esta espera, o que las mujeres eran tratadas como algo delicado y puro, para conservar encerrado, como se ve en el cuarto poema.

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