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Gabriela Mistral

Retrato de Gabriela Mistral


Enrique Ortega Fernández. Retrato de Gabriela Mistral (CC BY-SA)

Entrega del Premio Nobel a Gabriela Mistral
Enrique Ortega. Entrega del premio Nobel a Gabriela Mistral, 1945 (CC BY-SA)

Su verdadero nombre era Lucila Godoy. Nació el 7 de abril de 1889 y murió el 10 de enero de 1957. Murió con 67 años por un cáncer de páncreas.

Los padres de Lucila eran Juan Jerónimo Godoy Villanueva y Petronila Alcayaga Rojas. Tuvo un hijo, Juan Miguel Godoy.

Doris Dana era su mejor amiga, secretaria y heredera de Mistral.

En este momento imaginario, Lucila es una persona mayor de alrededor 65 años, no es muy alta, más bien es bajita. Además, tiene un rostro cansado y peculiar, fruto de todos los años pasados, y tiene el pelo gris.

Estuvo viviendo principalmente en Coquimbo, lugar donde nació (Chile), y en Hempstead, ciudad de New York. También vivió y trabajó bastantes años en México.

Lucila recibió sus primeras lecciones en casa, con su hermana Emelina, y más tarde en la escuelita de La Unión. 

Su madre la envió a Vicuña para terminar la enseñanza básica; a la vez trabajaría como lazarillo de la directora.

Tras unos años de estudio en la Universidad de Chile, trabajó de maestra y colaboró en publicaciones literarias.

En 1922 se trasladó a México para colaborar en los planes de reforma educativos. En 1925 la nombraron secretaria del Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones en Ginebra.

Durante la década de los 30, dio clases en Estados Unidos en las escuelas Bernard College,  Vassar College y en el Middlebury College. También viajó por Centroamérica y Las Antillas y colabora con las universidades de Puerto Rico, La Habana y Panamá. En 1933 la nombraron cónsul de Chile en Madrid, y en 1934 la hicieron hija adoptiva en Puerto Rico. 

El 10 de diciembre de 1945 recibió el Nobel de Literatura, en 1950 el premio Serra de las Américas de la Academy of American Franciscan History de Washington y en 1951 el Premio Nacional de Literatura de Chile. En 1953 fue nombrada cónsul en Nueva York y también delegada de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Y ya el 10 de enero de 1957, murió por un cáncer de páncreas.

Ella era muy aficionada a la literatura y sus opiniones sobre los temas de educación era que había que enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto y la palabra.

“Nada más triste que el que la alumna compruebe que su clase equivale a su texto.  La maestra que no lee tiene que ser mala maestra: ha rebajado su profesión al mecanismo de oficio, al no renovarse espiritualmente. Más puede enseñar un analfabeto que un ser sin honradez, sin equidad”, escribió Gabriela, entre muchas otras reflexiones aún vigentes. 



Juan Alberto Caballero Romero. Retrato de Gabriela Mistral (CC BY-SA)

Gabriela Mistral, seudónimo de Lucila Godoy Alcayaga fue una poeta, diplomática y pedagoga chilena.

De origen humilde, Mistral se desempeñó como profesora en diversas escuelas y se convirtió en una importante pensadora respecto al rol de la educación pública, llegó a participar en la reforma del sistema educacional mexicano.

A partir de la década de 1920, Mistral tuvo una vida itinerante al desempeñarse como cónsul y representante en organismos internacionales en América y Europa.

Como poeta, es una de las figuras más relevantes de la literatura chilena y latinoamericana. Entre sus obras destacan Desolación, Tala y Lagar. Por su trabajo poético, recibió el premio Nobel de Literatura en 1945, fue la primera mujer iberoamericana y la segunda persona latinoamericana​ en recibir un premio Nobel.

Enlace al proyecto "Aprender con las mujeres": La madre sacrificada.

"Deshecha", Tala


Enrique Ortega Fernández. Gabriela Mistral, Deshecha - Tala (CC BY-SA)

Introducción

Buenas a todos, primero os voy a contar brevemente la vida de Gabriela. 

El verdadero nombre de Gabriela era Lucila Godoy (...) 

El género del libro es poesía, y ahora vamos a leer un poema llamado "Deshecha" del libro Tala.

Deshecha

Hay una congoja de algas

y una sordera de arenas,

un solapamiento de aguas

con un quebranto de hierbas.

Estamos bajo la noche (5)

las criaturas completas:

los muros, blancos de fieles;

el pinar lleno de esencia,

una pobre fuente impávida

y un dintel de frente alerta. (10)

Y mirándonos en ronda,

sentimos como vergüenza

de nuestras rodillas íntegras

y nuestras sienes sin mengua.

Cae el cuerpo de una madre (15)

roto en hombros y en caderas;

cae en un lienzo vencido

y en unas tardas guedejas.


La oyen caer sus hijos

como la duna su arena; (20)

en mil rayas soslayadas,

se va y se va por la puerta.


Y nadie para el estrago,

y están nuestras manos quietas,

mientras que bajan sus briznas (25)

en un racimo de abejas.

Descienden abandonados

sus gestos que no sujeta,

y su brazo se relaja,

y su color no se acuerda. (30)


¡Y pronto va a estar sin nombre

la madre que aquí se mienta,

y ya no le convendrán

perfil, ni casta, ni tierra!


Ayer no más era una (35)

y se podía tenerla,

diciendo nombre verídico

a la madre verdadera.


De sien a pies, era única

como el compás o la estrella. (40)

Ahora ya es el reparto

entre dos devanaderas

y el juego de «toma y daca»

entre Miguel y la Tierra.


Entre orillas que se ofrecen, (45)

vacila como las ebrias

y después sube tomada

de otro aire y otra ribera.

Se oye un duelo de orillas

por la madre que era nuestra: (50)

una orilla que la toma

y otra que aún la jadea.


¡Llega al tendal dolorido

de sus hijos en la aldea,

el trance de su conflicto (55)

como de un río en el delta!



Conclusión

En este poema se ve reflejado claramente la idea del modernismo, ya que Gabriela escribió este poema, aparte de muchos otros en su libro Tala, y ella es una escritora posmodernista. Además de esto, en el poema podemos observar claros ejemplos de modernismo, como que rompe con la tradición en lo léxico, es decir, se utilizan palabras cultas y diversas figuras retóricas (“vacila como las ebrias”;  “sordera de arenas”; “congoja”), pero también hay un imaginario común con las vanguardias.

Este poema no cuestiona la mentalidad dominante en esa época (modernismo), sino que el poema es un ejemplo del mismo modernismo. Por último, este poema critica la desigualdad entre mujeres y hombres, pero de una manera peculiar, ya que lo hace usando metáforas. En el poema se ve cómo hay una madre sufriendo, y deduzco que es por la desigualdad que hay.

Poemas


Juan Alberto Caballero Romero. Poemas de Gabriela Mistral (CC BY-SA)

Introducción

De origen humilde, Mistral se desempeñó como profesora en diversas escuelas y se convirtió en una importante pensadora respecto al rol de la educación pública, llegó a participar en la reforma del sistema educacional mexicano. Cultivó la poesía con una voz propia y madura, hasta el punto de merecer el Premio Nobel de Literatura. Trabajó como diplomática de su país, Chile, por todo el mundo. 

El género literario de estas obras de Gabriela Mistral es la poesía lírica.

El convulso despertar del siglo XX está protagonizado por la Revolución Mexicana, la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. En este marco histórico surge un grupo de autores que se encuentran entre el modernismo y la poesía de vanguardia y que -ante tanta calamidad- vuelven la mirada hacia las cosas sencillas. Es una literatura ciertamente intimista en el que las escritoras tendrán un papel protagonista. Algunas figuras importantes del postmodernismo son Alfonsina Storni, Ramón López Velarde, Juana de Ibarbourou, Evaristo Carriego, Delmira Agustini y, por supuesto, Gabriela Mistral.

LA FUGA

Madre mía, en el sueño

ando por paisajes cardenosos:

un monte negro que se contornea

siempre, para alcanzar el otro monte;

y en el que sigue estás tú vagamente,

pero siempre hay otro monte redondo

que circundar, para pagar el paso

al monte de tu gozo y de mi gozo.

Mas, a trechos tú misma vas haciendo

el camino de juegos y de expolios.

Vamos las dos sintiéndonos, sabiéndonos,

mas no podemos vernos en los ojos,

y no podemos trocarnos palabra,

cual la Eurídice y el Orfeo solos,

las dos cumpliendo un voto o un castigo,

ambas con pies y con acento rotos.

Pero a veces no vas al lado mío:

te llevo en mí, en un peso angustioso

y amoroso a la vez, como pobre hijo

galeoto a su padre galeoto,

y hay que enhebrar los cerros repetidos,

sin decir el secreto doloroso:

que yo te llevo hurtada a dioses crueles

y que vamos a un Dios que es de nosotros.

Y otras veces ni estás cerro adelante,

ni vas conmigo, ni vas en mi soplo:

te has disuelto con niebla en las montañas,

te has cedido al paisaje cardenoso.

Y me das unas voces de sarcasmo

desde tres puntos, y en dolor me rompo,

porque mi cuerpo es uno, el que me diste,

y tú eres un agua de cien ojos,

y eres un paisaje de mil brazos,

nunca más lo que son los amorosos:

un pecho vivo sobre un pecho vivo,

nudo de bronce ablandado en sollozo.

Y nunca estamos, nunca nos quedamos,

como dicen que quedan los gloriosos,

delante de su Dios, en dos anillos

de luz o en dos medallones absortos,

ensartados en un rayo de gloria

o acostados en un cauce de oro.

O te busco, y no sabes que te busco,

o vas conmigo, y no te veo el rostro;

o vas en mí por terrible convenio;

sin responderme con tu cuerpo sordo,

siempre por el rosario de los cerros,

que cobran sangre para entregar gozo,

y hacen danzar en torno a cada uno,

¡hasta el momento de la sien ardiendo,

del cascabel de la antigua demencia

y de la trampa en el vórtice rojo!

LÁPIDA FILIAL

Apegada a la seca fisura

del nicho, déjame que te diga:

-Amados pechos que me nutrieron

con una leche más que otra viva;

parados ojos que me miraron

con tal mirada que me ceñía;

regazo ancho que calentó

con una hornaza que no se enfría;

mano pequeña que me tocaba

con un contacto que me fundía:

¡resucitad, resucitad,

si existe la hora, si es cierto el día,

para que Cristo os reconozca

y a otro país deis alegría,

para que pague ya mi Arcángel

formas y sangre y leche mía,

y que por fin os recupere

la vasta y santa sinfonía

de viejas madres: la Macabea,

Ana, Isabel, Lía y Raquel!

NOCTURNO DE LA CONSUMACIÓN

A Waldo Frank.

Te olvidaste del rostro que hiciste

en un valle a una oscura mujer;

olvidaste entre todas tus formas

mi alzadura de lento ciprés;

cabras vivas, vicuñas doradas

te cubrieron la triste y la fiel.

Te han tapado mi cara rendida

las criaturas que te hacen tropel;

te han borrado mis hombros las dunas

y mi frente algarrobo y maitén.

Cuantas cosas gloriosas hiciste

te han cubierto a la pobre mujer.

Como Tú me pusiste en la boca

la canción por la sola merced:

como Tú me enseñaste este modo

de estirarte mi esponja con hiel,

yo me pongo a cantar tus olvidos,

por hincarte mi grito otra vez.

Yo te digo que me has olvidado

-pan de tierra de la insipidez-

leño triste que sobra en tus haces,

pez sombrío que afrenta la red.

Yo te digo con otro  que hay tiempo

de sembrar como de recoger;.

No te cobro la inmensa promesa

de tu cielo en niveles de mies;

no te digo apetito de Arcángeles

ni Potencias que me hagan arder;

no te busco los prados de música

donde a tristes llevaste a pacer.

Hace tanto que masco tinieblas,

que la dicha no sé reaprender;

tanto tiempo que piso las lavas

que olvidaron vellones los pies;

tantos años que muerdo el desierto

que mi patria se llama la Sed.

La oración de colinas divinas *

se ha raído en la gran aridez,

y ahora tengo en la mano una nueva,

la más seca, ofrecida a mi Rey.

Dame Tú el acabar de la encina

en fogón que no deje la hez;

dame Tú el acabar del celaje

que su sol hizo y quiso perder;

dame el fin de la pobre medusa

que en la arena consuma su bien.

He aprendido un amor que es terrible

y que corta mi gozo a cercén:

he ganado el amor de la nada,

apetito del nunca volver,

voluntad de quedar con la tierra

mano a mano y mudez con mudez,

despojada de mi propio Padre,

rebanada de Jerusalem.




NOCTURNO DE LA DERROTA 

Yo no he sido tu Pablo absoluto

que creyó para nunca descreer,

una brasa violenta tendida

de la frente con rayo a los pies.

Bien le quise el tremendo destino,

pero no merecí su rojez.

Brasa breve he llevado en la mano,

llama corta ha lamido mi piel.

Yo no supe, abatida del rayo,

como el pino de gomas arder.

Viento tuyo no vino a ayudarme

y blanqueo antes de perecer.

Caridad no más ancha que rosa

me ha costado jadeo que ves.

Mi perdón es sombría jornada

en que miro diez soles caer;

mi esperanza es muñón de mí misma

que volteo y que ya es rigidez.

Yo no he sido tu Santo Francisco

con su cuerpo en un arco de “amén”,

sostenido entre el cielo y la tierra

cual la cresta del amanecer,

escalera de limo por donde

ciervo y tórtola oíste otra vez.

Esta tierra de muchas criaturas

me ha llamado y me quiso tener;

me tocó cual la madre a su entraña;

me le di, por mujer y por fiel.

¡Me metió sobre el pecho de fuego,

me aventó como cobra su piel!

Yo no he sido tu fuerte, Vicente,

confesor de galera soez,

besador de la carne perdida,

con sus llantos siguiéndole en grey,

aunque le amo más fuerte que mi alma

y en su pecho he tenido sostén.

Mis sentidos malvados no curan

una llaga sin se estremecer;

mi piedad ha volteado la cara

cuando Lázaro ya es fetidez,

y mis manos vendaron tanteando

incapaces de amar cuando ven.

Y ni alcanzo al segundo Francisco

con su rostro en el atardecer,

tan sereno de haber escuchado

todo mal con su oreja de Abel,

¡corazón desde aquí columpiado

en los coros de Melquisedec!

Yo nací de una carne tajada

en el seco riñón de Israel,

Macabea que da Macabeos,

miel de avispa que pasa a hidromiel,

y he cantado cosiendo mis cerros

por cogerte en el grito los pies.

Te levanto pregón de vencida,

con vergüenza de hacer descender

tu semblante a este campo de muerte

y tu mano a mi gran desnudez.

Tú, que losa de tumba rompiste

como el brote que rompe su nuez,

ten piedad del que no resucita

ya contigo y se va a deshacer,

con el liquen quemado en sus sales,

con genciana quemada en su hiel,

con las cosas que a Cristo no tienen

y de Cristo no baña la ley.

Cielos morados, avergonzados

de mi derrota.

Capitán vivo y envilecido,

nuca pisada, ceño pisado

de mi derrota.

Cuerno cascado de ciervo noble

de mi derrota!



Conclusión

Es una obra muy buena ya que Gabriela quiere representar y representa a una mujer de muchas dimensiones. Su poesía cuenta los aspectos de su vida de varias maneras. Por ejemplo, hay la alegría de la niñez en sus obras sobre los niños, y hay dolor y soledad en sus poemas que hablan de la muerte de los seres amados.

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