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Realismo

La Ilustración de las mujeres

Señoras y obreras. Dos cuadros realistas
Marcela Poncela (arriba) y Gonzalo Bilbao (abajo). Señoras y obreras. Dos cuadros realistas (CC0)

Uno de los signos más evidentes del carácter represivo de la Restauración consiste en la aparente ausencia de las mujeres y su marginación institucional, a diferencia de la época isabelina. No fue consecuencia solamente del triunfo coyuntural de la Monarquía sobre la República, sino también de una reacción masculina y clasista contra las proclamas de mujeres republicanas e internacionalistas, partidarias de la igualdad, durante el Sexenio democrático.

Las críticas antifeministas de varones en publicaciones tanto conservadoras como liberales (ambos turnos) se extendieron durante 40 años, aunque sus autoras murieran trágicamente o desaparecieran de la vida pública: la periodista Modesta Periú (1845-1871), la editora y ensayista Margarita Pérez de Celis (1840-1882), la novelista Matilde Cherner (1833-1880), quien se ganó la vida escribiendo con el seudónimo "Rafael de Luna" hasta su temprana muerte en 1880. La oradora Guillermina Rojas de Orgis, desaparecida tras la caída de la I República, se convirtió en símbolo del amor libre: libremente elegido, a quien se aludía apenas para calumniarla.

Esas mujeres tachadas de radicales, marginadas y condenadas a una corta vida, como la mayoría de la población, sirvieron de inspiración para que Emilia Pardo Bazán representara a Amparo, la oradora obrera de La Tribuna (1883). Sus ideales no desaparecieron. Durante dos décadas se fue incubando una respuesta feminista que se expresó en el Congreso Pedagógico de 1892 y se encarnó en la joven Feíta Neira, protagonista de otras dos novelas de doña Emilia: Doña Milagros (1894) y Memorias de un solterón (1896). Las republicanas tuvieron tiempo de poner el foco sobre una tarea apenas comenzada: la Ilustración de la Mujer (1873-1877), título de una revista quincenal, dirigida por Concepción Gimeno de Flaquer y Sofía Tartilán, donde se predicaba la educación popular. Allí publicó Matilde Cherner la serie de artículos: "Las mujeres pintadas por sí mismas", de la que se ha perdido la mayor parte.

De ese propósito ilustrador participan las fundaciones de Concepción Arenal en favor de las mujeres presas o la infancia obrera, tanto como las empresas editoriales de Emilia Pardo de Bazán, dirigidas a la educación de las "mujeres del futuro"; un paso más allá de las revistas sobre hogar y moda. Ambas cruzaron por encima de las fronteras entre las mujeres de arriba y las de abajo; la diferenciación rígida entre roles masculinos y femeninos, que se había profundizado en la clase media y alta, por la caracterización de las mujeres como "ángeles del hogar" durante el largo y tardío romanticismo hispánico. 

Concepción Arenal fue contemporánea de Carolina Coronado y las mujeres románticas en su juventud; mientras que Emilia Pardo Bazán se anticipa a una generación extrovertida y activista, de la que trataremos a continuación: maestras y pedagogas, filólogas o periodistas, viajeras o internacionalistas, revolucionarias o regeneracionistas, obreras o burguesas. En las obras de Concepción y Emilia, narrativas y ensayísticas, se practica el análisis sociológico con una profundidad mayor que entre sus contemporáneos, tan solo comparable a la de Clarín o Galdós.

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