Lectura dramatizada por Ángela Cordero Marín
Introducción
La trampa del arenal es la historia del fracaso personal y profesional de Luis, el protagonista. El libro empieza sobre una reflexión sobre el tiempo que estaba embarazada Salud, el padre que es Luis, y los pensamientos de su suegra sobre el nacimiento del bebé. La madre de Salud llamada Doña Ascensión, dijo que era muy importante que Luis (el padre) asistiera al parto para que aprendiese un poco y para que viera qué era eso. Luis era un chico joven e inmaduro, él no estaba buscando una relación seria, solo le impresionó la belleza de Salud. Ahora son hombre y mujer y van a tener un bebé, pero no era lo que Luis quería. Luis solamente tiene 22 años y no estaba tan unido a su mujer, él seguía estudiando.
Margarita Nelken nació en Madrid. Decidió criar ella sola a sus hijos, porque consideraba que la familia tradicional convertía a hombres y mujeres en… la trampa del arenal. Durante muchos años participó en organizaciones feministas, en el movimiento por la República y en el PSOE. Después llegó la revolución de los mineros en 1934, cuando se une al Partido Comunista. Quería ser una mujer revolucionaria implicada en una lucha por el bien común.
Su participación en la República y, después, en su defensa durante la Guerra fue importante porque era diputada en esa época. Defendió la labor de la mujer en la retaguardia. Luchó por el feminismo pero siempre teniendo en cuenta la maternidad. Margarita Nelken considera que la mujer debe de conocer su sexualidad y debe saber mejorar su higiene sexual. También le preocupaba la desigualdad salarial, la situación de las madres solteras, etc.
Cuando terminó la guerra, llegó el exilio en México, donde vivió hasta 1968, ahí siguió escribiendo e hizo lo que siempre le gustó que fue la pintura.
Fragmento
Hasta que un día la niña, al salir al descansillo de la escalera, mientras la criada tomaba el pan, fue llamada y acariciada por la vecina, que había salido igualmente a recibir al panadero.
—¿Quieres venirte conmigo, rica?
Y, como la nena reía sin responder:
—Yo quiero mucho a los niños, ¿sabes? Anda, ven monina; que te voy a hacer un regalo.
La nena avanzó decidida. La vecina la cogió en brazos:
—En seguida la traigo —díjole a la chica.
Y se la entró en su casa, haciéndole mimos. Le regaló un acerico en forma de gato, unos dulces y, después de comérsela a besos, la trajo nuevamente al descansillo.
—¿Cómo te llamas, preciosa?
La niña, encantada de su nueva amiga, balbuceó su nombre y, ya familiarizada, preguntó a su vez:
—¿Y tú?
—¿Yo? Libertad. ¿Vendrás a jugar conmigo otro día, di? Verás, te compraré una muñeca.
La niña palmoteó de gusto.
—No sé si querrá la señora —dijo la chica.
—Pues pregúnteselo usted. Y, si quiere, tráigame a la nena alguna vez, que somos muy buenas amigas, ¿verdad, rica?
Y la volvió a besar antes de cerrar la puerta.
Pero la señora no quiso, y, no sólo no quiso, sino que le echó a la chica un rapapolvo de primero, por “estupida”. ¡Dejar a su hija con una cualquiera, con una mujer que ni siquiera llevaba nombre cristiano!
Y añadía, en el colmo del furor, mirando a su marido:
—¡Se creerá que una se chupa el dedo y no cae en la cuenta!
—Pero ¿en la cuenta de qué mujer? Total, si le gustan los niños… —arguyó él de buena fe.
—Sí, sí, ¡los niños!...¡Se empieza por los niños para acabar por los padres!
Luis se encogió de hombros y se marchó, dando un portazo, La escena se anunciaba a toda orquesta, y no tenía ganas de tomarse un ataque de bilis, enzarzarse en una disputa en la cual saldrían a relucir, fatalmente, muchas cosas que más valía dejar dormitar en el olvido.
Le ponía fuera de sí ese empeño de su mujer en rebajar todas las intenciones so tenor de sus propios sentimientos. Tal vez ayudara también a su irritación, sin que él siquiera lo advirtiera, la ironía que significaban esos celos de Salud contra una muchacha que le había demostrado tan a las claras su desprecio.
¡Libertad! Debía de ser hija de algún anarquista, de alguno de esos hombres románticos que, a principios de siglo, remontándose sobre las miserias de la vida, soñando con un porvenir de amor universal. También ella ahora adquiere una aureola de romanticismo y de exaltación. ¡Libertad! El nombre para él era casi un símbolo; podría serlo tal vez… Sí, necesitaba algo, alguien para salvarse de esa mediocridad en que se iba enlodando, poco a poco, irremediablemente; algo o alguien, aunque fuese una simple aventura sentimental, que con ella habría de ser seguramente distinta de una de tantas aventuras vulgares.
¡Libertad! ¿Por qué no creer en la verdad de la sugestión de un nombre? ¿No había quien creía ciegamente en la fatalidad ya de antemano tejida del destino?
Estuvo dando vueltas al azar. Al volver, tenía el firme propósito de intimar a toda costa con la vecinita, de vencer esa barrera de desconfianza tras la cual se refugiaba despectivamente la muchacha. Pero ¿y si había otro hombre por medio, novio o amante? ¡Bah! No quiso parar su pensamiento en ese obstáculo, que se le antojaba en el fondo el único posible para detener sus planes.
Conclusión
En conclusión La trampa del arenal es una novela que representa y destaca la lucha contra el machismo, porque perjudica a los dos géneros: las mujeres tratadas como objetos buscan estrategias para dominar a sus hombres y someterlos a su misma esclavitud. Frente a Luis y a Salud, el personaje de Libertad tiene que subsistir con dificultad, pero es dueña de su vida.