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María Rosa Gálvez

Retrato de María Rosa Gálvez


Belén Gutiérrez Pérez. Retrato de María Rosa Gálvez (CC BY-SA)

Rita Barrenechea
Francisco de Goya. Retrato de Rita Barrenechea, marquesa de la Solana y dramaturga. Amiga de María Rosa Gálvez, también murió muy joven (CC BY-SA)

Fue sobrina de José de Gálvez, ministro de Carlos III y I marqués de la Sonora, y prima de Bernardo de Gálvez, virrey de Nueva España y I conde de Gálvez quienes se hicieron cargo de su educación y la cuidaron en su infancia. En su certificado de adopción consta que en ese momento tenía dieciocho años.

Contrajo matrimonio en Málaga con su primo el capitán José Cabrera Ramírez.

Tuvo una hija, María Josefa de la Pastora Irisarri y Gálvez, habida con Don Josef Irisarri.

Su estancia en Madrid coincidió con la muerte de su amiga María Rita de Barrenechea a la que dedicó una elegía: La noche.

Como no hay imágenes de ella voy a describir su personalidad.

Ella era una mujer muy inteligente, que fue maltratada por su marido quien se casó con ella al ser adoptada por una familia muy importante. 

Vivió y nació en Málaga, posteriormente se mudó con su marido a Madrid, alrededor de 1790.

Como estuvo en un centro de acogida de pequeña, estudió allí toda su vida, hasta los 18 años, cuando fue prohijada por la familia Gálvez.

Su producción dramática se halla dentro del Neoclasicismo de los siglos XVIII y XIX.

Impuso un total de 17 obras para el teatro: seis tragedias, tres comedias, cuatro obras breves, una zarzuela, y tres traducciones. 



David Romero. Retrato de María Rosa Gálvez (CC BY-SA)

María Antonia Rosalía de Gálvez y Ramírez nació en Málaga en torno a los años de 1768 y 1769. Fue entregada a la Casa de Expósitos de Ronda y recogida con posterioridad por Antonio de Gálvez, coronel del ejército, y Mariana Ramírez de Velasco, casados en Macharaviaya, un pueblo de la provincia, de donde ambos eran oriundos. Según parece, era hija natural de aquel.

Fue sobrina de José de Gálvez, ministro de Carlos III y I marqués de la Sonora, y prima de Bernardo de Gálvez, virrey de Nueva España y I conde de Gálvez. En su certificado de adopción consta que en ese momento tenía dieciocho años y era vecina de Málaga. No se indica ni la fecha ni el lugar de nacimiento, solo que los Gálvez se hicieron cargo de su crianza y educación desde su infancia.

Contrajo matrimonio en Málaga con su primo el capitán José Cabrera Ramírez. Emprendieron una serie de juicios por la sucesión de Antonio Gálvez y de su esposa. En su testamento de 1799 declara que tiene una hija natural: doña María Josefa de la Pastora Irisarri y Gálvez, habida con Don Josef Irisarri, siendo ambos solteros. En esos momentos tenía diez años pero no llegó a la vida adulta. Tras varios avatares, prisión de su esposo, separación y posterior reconciliación, el matrimonio se muda a Madrid quizá antes de 1790, pues ese año aparece citado su nombre varias veces en el Diario de Jovellanos.

Su estancia en Madrid coincidió con la muerte de su amiga María Rita de Barrenechea a la que dedicó una elegía: "La noche". Allí frecuenta los círculos intelectuales ilustrados y entabla amistad con Manuel José Quintana. Por su parte, su marido fue nombrado agregado de la legación de España en Estados Unidos. María Rosa permaneció en Madrid, donde mantuvo una presunta relación amorosa con el primer ministro de Carlos IV, Manuel Godoy, que le valió los desaires del sector profernandino e ironías sobre la protección que éste extendió sobre ella: auspició la edición de los tres volúmenes de sus Obras poéticas, lo que afectó al juicio de su obra tanto como su condición de mujer o de divorciada.

Desarrolló una intensa actividad como escritora, volcada sobre todo en el teatro, el periodismo y la lírica. Colaboró en Variedades de Ciencias, Literatura y Artes, la revista dirigida por Manuel José Quintana, así como en La Minerva o El Revisor General. Con grandes penurias económicas, falleció en Madrid a los 38 años, siendo enterrada en la iglesia de San Sebastián.

Algo había en ella de moderno e independiente que inquietaba vagamente a sus contemporáneos varones y no podían entender. Fue atacada por consideraciones ajenas a su mérito literario intrínseco. La crítica actual ha puesto su obra en su justo, digno y merecido lugar.

Actualmente da nombre a la biblioteca municipal de Macharaviaya; y en Málaga capital llevan su nombre una calle, un colegio público de infantil primaria, y un aulario de la Universidad de Málaga.

Enlaces al proyecto “Aprender con las mujeres”:

Zinda


Belén Gutiérrez. María Rosa Gálvez, Zinda (CC BY-SA)

Lectura dramatizada por Belén Gutiérrez

Escena III

 

PEREYRA, ZINDA.

 

PEREYRA 

¿Cuál es mi confusión? ¿Será posible,

Zinda, que por mi ausencia se olvidara

mi hijo de su deber?(pregunta enfadado) A mi partida                                                     

yo le encargué el gobierno de esa plaza,

yo le encargué la paz, ¿cómo ha faltado

a lo que un tierno padre le mandaba?

ZINDA 

Tu hijo no existe ya. (Exclama)

PEREYRA 

¡Qué escucho, cielos! (Exclama tristemente)

¡Oh dolor! Este golpe sólo falta                                             

para postrar el corazón de un padre.

Dime, Zinda... ¿Mas tú también la espalda

me vuelves? (Pregunta desolado)

 (ZINDA hace lo que dicen los versos.) (Da la espalda triste)

¡Ah!, tú lloras... No me ocultes

un llanto que consuela mi desgracia.

¿Cómo murió? ¿Quién, dime, habrá cuidado                    

de mi infelice hija, de su hermana,

que a su lado quedó? Responde, Zinda;

¿Qué puedo ya temer? ¿Por qué no hablas? (Pregunta desesperado y triste)

ZINDA

(Le cuenta tristemente)

Tus lamentos arrancan de mis ojos

lágrimas de furor. Soy desdichada,                                            

Pereyra; pero el llanto de la queja

no derramó jamás una africana.

Escucha la traición que ha cometido

Vinter; ese malvado, que de Holanda

se vino a la colonia portuguesa                                             

prófugo y desterrado de su patria:

tú en el fuerte le distes acogida,

y en pago de tu necia confianza,

en tu ausencia la muerte dio a tu hijo.

PEREYRA 

¿Y ese vil tiene vida?

ZINDA 

Su Tirana ambición y su astucia consiguieron                       

que todos los soldados le nombraran

para el mando del fuerte, y que ninguno

el vil asesinato penetrara.

Mi hijo Zelido entonces con el tuyo                                                

se halló en la fortaleza, mas su infancia

no pudo libertarlo del tirano.

La muerte de tu hijo fue juzgada

por el traidor; él declaró culpables

en ella a los esclavos que escoltaban                                    

al Príncipe mi hijo en el castillo;

Vinter lo aprisiono, dobló las guardias,

y astuto publicó, que era forzoso

mantener su persona asegurada

hasta vengar la muerte de tu hijo,                                                

un negro fugitivo de la plaza

me avisó la traición; vuelo al socorro

del Príncipe, me acerco a las murallas;

Vinter en las almenas se presenta,

y con astuta compasión me habla.                                                 

¡Oh Zinda!, dijo, en vano el hijo tuyo

vienes a reclamar; no está vengada

la sombra del caudillo que lloramos;

mas vive en mis piedades confiada,

y aléjate del muro; que su suerte                                                 

sabrás en breve tiempo en tus cabañas.

No pude responder, porque mis iras

me echaron un dogal a la garganta;

pero la horrible trompa de la guerra

por mí le respondió, y esta campaña                                                 

cubierta de mi ejército invencible,

su destrucción le tiene asegurada.

PEREYRA

(Responde dolorido)

El maternal cariño te conduce

a un extremo funesto; si a mis ansias,

si a mi dolor atiendes, sin que vuelva                                       

la guerra a destrozar estas comarcas,

recobrarás al Príncipe, tu hijo.  


ZINDA

¿De qué modo?


PEREYRA 

Permite que escoltada

mi persona a la vista se presente

de los soberbios muros de la plaza,                                                  

y que los portugueses reconozcan

a su caudillo en mí; tengo las cartas

en mi poder que el mando me confirman,

y el tratado que encierra la alianza

de Congo y Portugal. Deja que logre.                                     

confundir los traidores.

ZINDA

No; te engaña,

Pereyra, tu nobleza. Los soldados

quieren a ese holandés, sus vicios aman;

porque la libertad que les concede

de cometer los crímenes, halaga,                                                 

y aumenta su fortuna; el comandante,

que a vista de estas costas en la barca

te lanzó con violencia, seducido

por Vinter estaría; a su llegada

el traidor no sabemos de qué astucias                                     

intentará valerse.

PEREYRA

Yo sus tramas

puedo desconcertar; déjame, Zinda,

que a confundir con mi presencia vaya

los infames.


ZINDA

Pereyra, será en vano.

Sábelo todo; ciego Vinter ama,                                                    

y espera ser esposo de tu hija.


PEREYRA

¡Cielos! ¿Y qué podrá desamparada

ser Ángela su esposa? No; primero… (lo dejas en el aire hasta que te acaba la frase)


ZINDA

Primero llegará de mi venganza

el golpe asolador; deja a mi brío                                                     

el esplendor del triunfo... Pero Alcaypa...

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