Lectura dramatizada por Pablo Pardo Viudez
Introducción
Este trozo de obra que voy a leer a continuación forma parte de la obra Tea Rooms, hecha por la gran autora Luisa Carnés. Luisa Carnés fue una escritora y periodista española, nacida el 3 de enero de 1905 en Madrid, y falleció el 12 de marzo de 1964 en México.
Luisa Carnés hizo esta obra inspirada en el Madrid de los años 30 con intención de mostrar, desde su posición de observadora minuciosa de ambientes, actuaciones y personajes, cómo era el mundo entonces (y cómo se fue forjando el de hoy en día). Con este recurso, y una vida en continuo aprendizaje literario, esta novela, además de testimonial, por ser ficción documentada en la experiencia real de su autora, resulta ser una estupenda muestra de su literatura.
El fragmento de Tea Rooms que vamos a leer representa el momento en el que Matilde, la protagonista, recibe una carta de un tal “MF”, y gracias a esa carta, surge una discusión entre la protagonista, Matilde, y su madre, en la cual disputan sobre si creer o no que la van a coger para el puesto de trabajo que se comenta en la carta.
Lectura
La carta dice:
«Señorita: Le agradecería que me enviase su retrato y me diga su edad, si tiene familia y si ésta reside en Madrid. En caso de convenirme, usted será la preferida, pues enseguida citaré por carta. Besa su pie, M. F».
Canalla. La palabra acude al cerebro de Matilde. Nace y crece como esos ojos que avanzan hacia nosotros en la pantalla, hasta captarnos, hasta producirnos vértigo su órbita inconmensurable. CANALLA.
—¿Tú crees que aceptará?
¡Qué vacías, qué lejanas le suenan a Matilde las palabras de su madre!: «¿Tú crees que aceptará?».
—¿Qué es eso de aceptará? ¿Quién va a aceptar...?
—Ese señor M. F. ¿No dice no sé qué de convenirle?
—Entonces, madre, ¿tú no comprendes?
—¿Qué?
—¿Es posible que no hayas comprendido lo que quiere ese señor M. F.? Fíjate bien: para escribir a máquina hace falta tener una edad determinada y un cuerpo bonito; ¿crees que una mujer independiente está más capacitada para resolver un problema aritmético que una hija de familia? ¿No adviertes que ese M. F. internacional lo que desea es una muchacha para todo?
—Las chicas de hoy os pasáis de listas; se os figuran los dedos huéspedes.
—Así, ¿a ti te agradaría que aceptara?
—Yo no digo eso.
—Sí dices eso, madre. Contra tu propia voluntad, contra tu añejo concepto de las cosas, dices, sientes eso. La miseria amodorra tu pudor en esta ocasión, o es que tu experiencia de la vida es bien limitada. En la superficie —pelos blancos y arrugas— eres mayor que yo; pero no en el fondo. Las muchachas de hoy conocemos muy bien al tal M. F. M. F. nos cede el asiento en el Metro y nos tiende el sueldo desde la altura de su Caja cada mes y nos mira oblicuamente al escote cada vez que nos dicta una carta.
—¡Qué mala suerte tiene una... !
¿Contra quién va la mirada turbia de la madre? ¿Contra Matilde? ¿Contra M. F.? Levanta un paño de cretona de la mesa, lo dobla y pasa un trapo sobre el tapete de hule, roto en las esquinas. Luego saca un plato con un pedazo de queso, que divide en seis.
—¡Vamos a comer!
—¡Yo no quiero queso!
—¡Pues come mierda!
—Ya sabes que no me gusta el queso.
—¡Que te calles esa bocaza!
—¡Bueno! ¡No pagues conmigo lo de la carta!
—¡No lo pago contigo! ¡No lo pago contigo!
Pero le golpea ciegamente, cruelmente, en la cabeza, en la espalda, en la frente.
Matilde no trata de impedirlo; conoce de sobra el final de la escena; la madre se irá a llorar a la cocina, y el hermano a la cama con los labios tumefactos. Todo producto del ambiente mísero. ¿Qué mal han hecho estas pobres criaturas? Por ahí se ven otros niños, incluso feos y deformados, con sus buenos trajecitos, sus juguetes, sus perros perfumados; y ellos mismos huelen tan bien... Esos niños van en su coche hasta la escuela, una escuela higiénica, con su hermoso jardín de recreo, su calefacción. En la escuela municipal hace frío, y el mal remunerado profesor sufre de hipocondría, que se esquina contra los pobres niños. En la escuela municipal. ¿Dónde ha leído Matilde: «Vivimos en una sociedad podrida»? ¡Cállate, pensamiento!
Matilde se sienta a la mesa y muerde un pedazo de queso, rojizo y picante en ciertos sitios.
Pensamiento, idiota, ¡duerme!
Conclusión
Con esta obra, Luisa Carnés saca a la luz la vulnerabilidad que tenían las mujeres trabajando en esa época debido a la superioridad masculina, además que todos los jefes eran hombres y no había ninguna mujer. Por otra parte, también se queja de las malas condiciones laborales ya que trabajan mucho para después cobrar muy poco, sufrían vejaciones, abusos, etc.